Sierra de Gredos: Barbellido y Garganta de los Caballeros
por Luis Taboada

Jaime, Patricio y Pedro en el Barbellido.

Jaime, Patricio y Pedro en el Barbellido.

Aprovechando las primeras lluvias serias de noviembre, un grupo de riojanos nos desplazamos a El Barco de Ávila para disfrutar de los ríos de la Sierra de Gredos. Como anfitriones tenemos a Jose y a Mariano, del Club Alto Tormes, grandes conocedores de esta zona y dos de los mejores amigos que uno pueda tener en el río, compañeros en el Piri, en Córcega, en Marruecos

Nuestra primera incursión es en el Barbellido, afluente del tramo alto del Tormes, uno de los grandes ríos castellanos. Mi ilusión por bajarlo es grande después de que el año pasado Pedro y Patricio lo degustasen y no parasen de hablar de lo bueno que es. A orillas del Barbellido, el viejo paisaje granítico propio de Gredos, lleno de berruecos, espinos y lanchares, me trae inmediatamente a la memoria a Galicia, en particular me recuerda mucho al Parada. Muy cerca de donde embarcamos están cayendo las primeras nieves del año. Siguiendo la carretera paralela al río, uno puede aproximarse a la mayor altura de la sierra, el Pico Almanzor, a 2.596 metros.

Uno de los pasos del Barbellido.

Uno de los pasos del Barbellido.

Patricio.

Patricio, el tío más conjuntado del río!

Al muy poco de embarcar en las cercanías de una innecesaria y polémica presa, encontramos los primeros pasos y el grupo tiene problemas con un rebufo fuerte con el que nadie contaba. Se suceden varios agarrones y nadadas y yo soy el último en caer, quedándome solo dentro de la lavadora, enseguida fuera del barco… una pillada de las malas.

En un largo rato en el que cuento hasta seis vueltas o más, voy tratando de respirar en cada acercamiento a la superficie, pero cada vez cojo menos aire. En alguna vuelta parece que el rebufo me suelta, pero no, no, ahí sigo y cada vez voy notando más angustia y cómo las fuerzas me están abandonando. Soy un pelele incapaz siquiera de acordarme de hacer la maldita pelota. De pronto noto a alguien (Patricio) que se lanza a mi lado y me agarro a él con una energía que pensaba que ya no tenía. Pedro, al otro lado de la cuerda, todavía tardará unos segundos eternos en tirar de nosotros (es importante esperar lo suficiente para asegurar la captura), pero ya puedo decirme a mí mismo que estoy fuera, y no queda lugar en mi cabeza para pensar en nada más. Mientras estaba ahí dentro, me habían lanzado la cuerda hasta en tres ocasiones en vano (no veía nada!) y al final Patricio había tenido que saltar a por mí atado. Estoy fuera con una enorme sensación de deuda y de gratitud hacia mis rescatadores… y de tremendo agotamiento. Menos mal que tengo la carretera al lado y puedo abandonar el río en un estado penoso, debilitado y vapuleado, pero contento de pisar tierra firme tras el baño de humildad.

Pedro, en uno de los pasos bonitos.

Pedro, en uno de los pasos bonitos.

Jose

Jose, el tigre de Geria.

El resto de los compañeros continúa en el magnífico Barbellido, una buena parte del cuál es posible reconocerlo y fotografiarlo desde la carretera. El tramo está lleno de pasos y pozas, con el punto crítico en un salto de unos siete metros en el paraje llamado el Charco de los Turones. El único en tentarlo es Mariano, que acierta de lleno en la línea buena y lo borda.

El río discurre entre zonas de granito y jardines de bolos. Tras un bonito paso en escalera, se llega al Pozo de las Paredes, un cañón encajado en roca y jalonado por un puente romano. De los siete que empezamos el río, solo cuatro han llegado al desembarque en la confluencia con el Tormes, tras las bajas por las rebufadas, las nadadas, el agotamiento y el frío.

Paso del Pozo de las Paredes

Poca agua para el paso del Pozo de las Paredes: o por la laja o por debajo de ella.

Rebufo en la Garganta de los Caballeros

Rebufo en la Garganta de los Caballeros.

Al día siguiente descartamos por falta de caudal el estrecho Aravalle y nos acercamos a la Garganta de los Caballeros, un río de aguas turquesas, con menor gradiente que el Barbellido y un paisaje más humanizado, un fértil valle de manzanos repletos de fruta. Además, esta vez el sol sí nos acompaña, al igual que Javi Tronchapalas y Lynch, que vienen de bajar el Arenal, en Arenas de San Pedro, en la vertiente sur de Gredos, y otros piragueros como el local Alberto.

El tramo de la Garganta comienza en un paraje popular, las piscinas de Navalguijo, y se hace todo a vista, con la importante salvedad de un paso con rebufo en forma de bucle de seguridad obligada y porteo recomendable. Sigue un bonito cañón encajonado de bajas paredes y el Paso de los Gendarmes hacia el final del recorrido.

Agradecimientos y besos a las chicas que tantos desvelos pasan viéndonos luchar en el río: Ester, Carmen y Silvia; y un abrazo a Pedro, Patricio, Jose, Mariano, Jaime, Javi, Raúl, Ángel, Alberto y también a César, que no pudo estar con nosotros pero nos acogió amablemente en su casa rural. Gracias!

Compartir

Tags: , , , , , ,

Comentarios cerrados.