La Costa Vermella (Llança a Cotlliure)
Autor: Manel Teodoro

Llegamos a Llançà, un tranquilo pueblo al norte del Cap de Creus. Aparcamos los coches en el parking gratuito que hay delante de la playa del pueblo. Descargamos los kayaks y nos disponemos a preparar todo el equipo. Son las seis de la tarde i la tarea de colocar tienda, saco de dormir, comida, … en los tambuchos estancos se alarga, finalmente conseguimos meter todo dentro de nuestras piraguas, parece arte de mágia.
Por fin partimos, podremos navegar poco tiempo, está a punto de oscurecer. Es una buena hora para soltar los curricanes i probar suerte. Tenemos ganas de cenar pescado fresco. Poco a poco vamos abandonando la bahía de Llançà i nos dirigimos hacia Cap Ras, este espacio tiene un par de calas que nos servirán de refugio para esta noche. Tenemos el tiempo justo para escoger un rincón protegido y ya anochece.
Nos levantamos temprano. La verdadera travesía empezará hoy. Tenemos un buen trecho. Desmontamos el campamento tomamos un zumo de fruta i planeamos navegar hasta Colera para almorzar en algún bar y asearnos mínimamente. Son las nueve de la mañana y dejamos Cap Ras en dirección norte. Cruzamos la bahía de Gifreu y en poco tiempo llegamos a Colera.
Después de almorzar y una vez hecha la compra para todo el día, salimos de Colera.
A partir de este punto la costa está más expuesta al viento del norte pero la tramontana parece que hoy no va a fastidiarnos la jornada. Pasamos por playas de guijarros oscuros y aguas cristalinas. Ahora cruzamos la bahía de Port Bou. Población fronteriza que separa un mismo país, Catalunya. Decidimos no entrar ya que aún nos queda mucho y no nos podemos entretener. Port Bou es una población señorial venida a menos con una gran estación de ferrocarril. Los acantilados en este tramo del recorrido son impresionantes.
Hemos dejado atrás Port Bou, al poco tiempo llegamos a Cervera población gemela a Port Bou al otro lado de la frontera. A partir de este momento el paisaje se tiñe de verde, Los viñedos, esplendidos en esta época nos hacen recordar la celebre poesía “vinyes verdes vora el mar” (viñas verdes al lado del mar). Si el paisaje “terrestre” nos cautiva, el marino nos impresiona. Hemos entrado en la reserva marina de Bañuls/Cervera. Una maravilla llena de rincones y rinconcitos que nos dejan sin aliento. Además este tramo de costa es muy poco accesible desde tierra y esto acentúa la tranquilidad. En realidad estamos atravesando los pirineos por mar, a bordo de la embarcación más simple jamás diseñada.
El hambre aprieta, decidimos parar en la Playa de Perafita antes del cabo del mismo nombre. Es una playa muy concurrida pero tenemos ganas de hacer el itinerario submarino que los responsables de la reserva han diseñado en este punto. Así que nos calzamos las aletas, la mascara, el tubo y a bucear.
Después de nadar, bucear, comer i descansar ponemos rumbo hacia Banyuls. Existe la posibilidad de acampar en el camping que hay en el Cabo de Perafita, descartamos esta posibilidad ya que buscaremos un lugar más tranquilo y solitario.
Partimos a media tarde en dirección norte, la marinada, un viento térmico que en este sector sopla en dirección sur-este hace ya un buen rato que se ha levantado, así pues, la navegación es mucho más deportiva y nos obliga a estar mas atentos, el viento de popa hace avanzar los kayaks muy rápidamente hasta Banyuls.
Por fin llegamos a Banyuls, un pueblecito famoso por sus vinos, que evidentemente probaremos en la cena. De Banyuls vale la pena visitar el acuario del Laboratorio de Biología Marina d´Aragó, dependiente de la Sorvona de París. Un centro de referencia para los estudios oceanográficos del mediterráneo.
Aprovecharemos los últimos instantes de luz para navegar hacia la bahía de Paulilles, unas playas solitarias donde no tendremos ningún inconveniente en acampar. Prácticamente sin luz alcanzamos nuestro objetivo, hemos finalizado una jornada de navegación emocionante por un territorio muy poco conocido.
En la playa de Paulilles se encuentran los restos bien conservados de una antigua fábrica de explosivos que se construyó a raíz de la segunda guerra mundial y que parece ser que la administración está restaurando en la actualidad.
Los primeros rayos del día nos despiertan y el calor nos obliga a salir de las tiendas. Preparamos el almuerzo y nos disponemos a empezar otra jornada de navegación. Nuestro primer objetivo es el impresionante Cap Bear. Navegamos cerca de las rocas del cabo protegiéndonos de una moderada tramontana que nos dificultará nuestro avance. El día está tapado cosa que agradecemos. La navegación es fácil hasta la misma punta del cabo, a partir de este instante no tenemos ninguna protección para resguardarnos del viento del norte. La dama Tramunta, en esta ocasión ha sido benévola y su fuerza nos permite navegar sin problemas importantes. La costa en este punto es más abrupta y sin casi vegetación. Por fin llegamos a la bahía de Port-Vendres, un fantástico puerto natural, protegido de los vientos que los romanos ya utilizaron en su época. Aprovechamos para entrar en el puerto i así descansamos un rato del viento del norte. Afortunadamente la fuerza del viento no ha ido a más y por lo tanto continuamos nuestro periplo. La navegación continua por una costa desprotegida del viento hasta que llegamos a la bahía de Cotlliure una verdadera joya en este mar mediterráneo que tanto amamos. La sensación de llegar a Cotlliure a bordo de nuestras piraguas es indescriptible.
Hemos culminado nuestro sueño, ahora solo nos queda el regreso, éste lo haremos aprovechando la red de ferrocarriles franceses que desde Cotlliure nos llevará hasta Port Bou. A partir de aquí habremos de cambiar de tren y llegaremos sin ningún problema hasta Llançà, nuestro punto de partida. Las piraguas, evidentemente las hemos dejado a buen recaudo en Cotlliure, atadas con candado al lado del puesto de socorro de la playa donde los responsables se nos han ofrecido a vigilarlas.


Informaciones útiles

La acampada en las playas está prohibida. Se ha de ser discreto.
La tramontana es el viento predominante en esta zona, sopla con fuerza y vale la pena informarnos de la previsión meteorológica antes de la partida.