Entre las rías del Navia y el Eo están
ubicados unos lugares de singular belleza, que muchas veces no son de
fácil acceso. Hasta ahora solo los más atrevidos percebeiros,
algunos marineros y unos aislados y afortunados piragüistas de mar
han conseguido descubrir cuevas y calas desconocidas por la mayoría
de la gente.
El sábado amenazó con un
sol espléndido que nos iba acompañar todo el fin de semana.
Contábamos con un desayuno necesariamente rico y abundante, para
afrontar la travesía que nos esperaba con aproximadamente unos
20 kilómetros para remar, entre la playa de Porcía y Castropol.
A
las 12.00 horas embarcamos en bajamar en la playa alrededor de 30 piraguas
coloridas de una y dos plazas poniendo el rumbo hacia la ría de
Ea. Los piragüistas fuimos acompañados por tres lanchas particulares
de apoyo. El mar se nos presentó inmejorablemente tranquilo y amable.
Remando bordeamos todos por acantilados silenciosos tan solo habitados
por cormoranes, gaviotas y ostreros. Sitios de una gran belleza como Fanfoliz,
el Figo, A Puntúa o el Cabo Sebes. Después de haber pasado
el faro de Tapia entramos en el puerto de Tapia de Casariego dónde
causamos bastante curiosidad e interés entre la población
y los turistas del pueblo.
En el puerto de Tapia el grupo paró poco tiempo, ya que el picnic
oficial estaba previsto en la bella playa de Mixota. Esa playa también
es una playa protegida del oleaje, lo que resulta muy importante a la
hora de desembarcar.
La playa esta enclavada en un paraje espectacular, la tranquilidad del
escenario con las piraguas apoyadas en la arena, el mar transparente y
de muy agradable temperatura y el día soleado hicieron volar las
dos horas de descanso.
Muchos aprovecharon el tiempo para inspeccionar la playa y darse un baño
en las cristalinas aguas de la playa.
La última parte de la travesía
nos condujo, ya al atardecer hasta el punto final en
Castropol. Antes de entrar en la ría del Ea, el grupo pasó
por las pequeñas islas entre las playas de A Ribeira y Penarronda,
dónde pasos estrechos nos obligaron a navegar con concentración.
En la punta más occidental de la
costa Asturiana, en la Punta da Cruz entramos en la Ría, aprovechando
la subida de la marea y en el muelle de Castropoll legaron las piraguas
justo en la hora del pleamar, causando también aquí interés
y curiosidad.
La salida acabó con lo que nunca
debiera de faltar; una cena de los participantes y sus acompañantes,
después de tanto esfuerzo, que tuvo lugar en el cercano mesón
de Parda y posterior alojamiento en el camping de Porcía.
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para ver un plano de la travesía
Travesía organizada por Thomas
Schmidt (Ondabrava) |