Itinerario por el curso bajo del río Cinca: Ballobar-Fraga (Huesca)
Autor: Jose Luis Escuer

Medio de transporte recomendable: piragua o canoa
Época recomendable: Con más de 100 m3/s en otoño y primavera, es un río para piragüistas de nivel medio que podrán disfrutar de algunas olas hermosas. De julio a septiembre el caudal baja hasta 18 m3/s por lo que cualquier piragüista que esté empezando puede bajarlo sin dificultad. Recorrido: 18 km
El descenso del bajo Cinca con piragua permite contemplar el paisaje fluvial desde una perspectiva diferente de la habitual. Desde el agua, el río aparece ante nosotros con su verdadera personalidad. El bullicio que despliega el agua en los frecuentes y pequeños rápidos interrumpen la pereza y el silencio con que el río discurre en los remansos, invisibles desde la orilla y que surgen uno tras otro. Aquí, la lejanía del hombre permite escuchar largos silencios, turbados únicamente por la inopinada y excitante aparición de un buen número de especies de aves que obligan a interrumpir, por unos instantes, el sosiego de la navegación.Los bancos de grava, silenciosos, salpicados de chopos enormes que han sido volcados y arrastrados en las crecidas de primavera y de otoño confirman el poderoso talante de este río.

Las choperas y saucedales estructuran un bosque de ribera que nos acompaña a lo largo del descenso, como una densa cinta verde adornada con hierbas de elevado porte. Tras ella, las “ripas” de Ballobar, riscos verticales, vestidos de marrón y ocre, se alzan expectantes por encima del bosque, recortándose sobre el cielo azul del verano. Este itinerario proporciona al viajero una visión completa de la fisonomía del ecosistema fluvial en curso medio. Los meandros no son excesivamente pronunciados y presentan los típicos depósitos de grava con forma semilunar en la cara interna de la curva. El centro del cauce está ocupado por islotes de grava que obligan al río a dividirse en ramales y canales laterales flanqueados por una densa vegetación de carrizos, espadañas y sauces que a veces invaden el canal complicando la navegación. Los sedimentos son, en su mayor parte, gravas mezcladas con algunos bloques y, en las áreas en las que el agua discurre con más tranquilidad, arenas y limos. La mayor parte de estos materiales son areniscas, calizas, granitos y rocas metamórficas de procedencia pirenaica.Los restos vegetales y los chopos que yacen inermes sobre las gravas indican que, durante las crecidas de primavera y de otoño, el descenso en piragua puede ser interesante para piragüistas de nivel medio ya que con más de 100 m3/s se pueden encontrar buenas olas para jugar y surfear. La navegación en verano, en cambio, supone una buena oportunidad para contemplar el bosque de ribera con tranquilidad, desde la misma perspectiva con que lo hace una cigüeña, una garza real o una garceta que estuvieran pescando en el centro del cauce. Desde el agua se aprecia perfectamente la típica catena de vegetación de ribera, esto es, carrizos y espadañas en el mismo borde del agua, sauces inmediatamente detrás y, sobresaliendo por encima de todos ellos, y en la parte más alejada del agua, los chopos. Con la embarcación, también, pueden invadirse momentáneamente graveras inaccesibles desde la orilla, detenerse junto a un carrizal y sorprenderse del alboroto de los patos, siempre incrédulos de que alguien haya podido llegar hasta ese rincón escondido.
Puede incluso observarse desde una cierta distancia el hieratismo de una garza real o el reflejo azul de un martín pescador acechando desde una rama. Sorprende el aleteo de los martinetes que esperan, hasta el último instante, a levantar el vuelo o, finalmente, el juego que practican los cormoranes buceando y emergiendo tan sólo unos metros por delante de nuestra proa.El mejor punto para embarcarse se sitúa en la carretera Fraga-Sariñena, junto al puente nuevo de Ballobar, sobre el río Alcanadre. Pocos metros después de cruzar el puente, en dirección a Chalamera, hay un amplio camino a la izquierda que desciende hasta la orilla del río.

El lugar es cómodo y puede dejarse el coche con tranquilidad y sin peligro de atascarnos en el barro.Antes de efectuar la salida no podemos dejar de contemplar las espectaculares “ripas” de Ballobar. Las ripas, que se continúan hacia el norte con las de Chalamera-Alcolea, constituyen la frontera entre la plataforma monegrina y los valles de los ríos Cinca y Alcanadre. Desde finales de la era Terciaria, cuando se configuró la red fluvial de la cuenca del Ebro, estos ríos han venido excavando, sin pausa, las calizas, areniscas y arcillas de Monegros, dejándonos, en este lugar, un paisaje vertical, que acompaña majestuoso al Alcanadre, poco antes de unirse con el Cinca.
En el contacto entre las ripas y los depósitos de piedemonte pueden observarse una serie de cuevas, situadas a diferentes niveles. Estas cuevas fueron excavadas y habitadas por eremitas en diferentes momentos de la Edad Media y son, actualmente, de difícil acceso. En su interior reducidas estancias con toscas hornacinas excavadas en la roca revelan la huella de personajes olvidados que, en su soledad, tendrían, sin duda, largos momentos para contemplar el magnífico paisaje que se extiende al pie de los riscos. Hacia el oeste, casi en la vertical de Ballobar, puede observarse la ermita de San Juan, construcción inicialmente romana y posteriormente transformada en ermita (S.XII-XIII) que se encuentra emplazada en el mismo borde de las ripas vigilando todo lo que ocurre en el valle.Los primeros metros de navegación son sencillos ya que aquí el Alcanadre tiene poca profundidad y discurre lentamente. El cauce es relativamente estrecho y pueden observarse muy de cerca las formaciones boscosas de ribera. A unos quinientos metros de iniciado el recorrido, sin embargo, comienza a oírse un rumor sordo que va aumentando de volumen a medida que nos acercamos al único salto de importancia de todo el recorrido. El escalón, formado por un estrato de calizas que reposa sobre areniscas, mide un metro aproximadamente y su paso no entraña dificultades especiales.Unos 400 metros después, las ripas, que habían permanecido ocultas por los sotos de Ballobar, vuelven a reaparecer presidiendo la confluencia del Alcanadre con el Cinca. El límite de esta formación geológica coincide con el enorme puente del AVE. Cuando lo avistemos hay que tomar el ramal de río que se dirige hacia la izquierda. El canal de nuestra derecha hay que evitarlo ya que conduce al azud desde el cual arranca la acequia que riega las huertas de Velilla de Cinca, Miralsot, Fraga y Torrente.Una vez que hayamos cruzado el puente no queda más que navegar río abajo, dejando que el agua nos lleve con la pereza del estío en los remansos, sorprendiéndonos en los breves rápidos o dándonos algún pequeño susto cuando los árboles recostados sobre la corriente peinan sus ramas en el agua impidiendo el paso y obligando a variar el rumbo de la embarcación si no queremos terminar con algún arañazo.A dos horas aproximadamente de la salida se divisa, sobre una colina de la margen izquierda, el Pilaret de Santa Quiteria, una construcción de adobe de época romana que se encuentra en estado de ruina. Cuando ya se avista el campanario de la iglesia de San Pedro de Fraga y el primer puente sobre el Cinca, queda tan sólo un último remanso con un carrizal a nuestra derecha y un pequeño azud, punto final de nuestro recorrido. Un camino de grava, suficientemente amplio para un vehículo, conduce hasta el Pabellón Polideportivo y, de nuevo, a la civilización.